PRIMERO DE MAYO: UNA HISTORIA DE CORAJE Y GLORIA

Por Mallela V. Pérez Palomino

Históricamente, el fenómeno se repite: a la parte más débil en la relación obrero patronal, se le violan sus derechos y cuando esto crea crisis, entonces se mueve el aparato propagandístico que es controlado por los intereses económicos, con el propósito de hacer ver a la opinión pública que los desfasados, intransigentes y alborotadores son los trabajadores. Prueba de ello es que, en aquellos días de lucha por las reivindicaciones laborales en la ciudad de Chicago, se llaman sindicalistas anarquistas o trabajadores anarquistas a quienes conceptuaban que la normativa debe surgir de un común acuerdo negociado entre las partes.

¡Cómo se atreven a igualarse a nosotros!-parecían decir entre resoplidos los más recalcitrantes empresarios de entonces, ante la actitud vanguardista de los sindicalistas.

El presidente Andrew Jonhson viéndose presionado por las dos más poderosas organizaciones sindicales de los Estados Unidos de Norteamérica, promulga una ley (Ingersoll) que establece en derecho, la nueva jornada de trabajo para trabajadores federales y de obras públicas (contratistas y subcontratistas).

No obstante, los gobiernos estatales empiezan a establecer a través de mecanismos jurídicos la manera de burlar la ley referida, buscando vericuetos legales y otras fórmulas habilidosas con ribetes de legalidad.

En cuanto a los obreros industriales, quedaron decepcionados por la norma, ya que seguirían soportando interminables jornadas de trabajo.

Grandes organizaciones de trabajadores, llevan una campaña con el propósito de que, a partir del primero de mayo de 1886, la jornada sería definitivamente establecida en ocho horas y, si las empresas no acataban esta petición, se declararían en huelga.

Los más renombrados periódicos enarbolan la bandera del desarrollo, la prosperidad y el crecimiento económico como parte de una argumentativa que llevaba a la opinión pública la percepción de que los que protestaban eran elementos apátridas, retrógrados y enemigos del progreso.

A pesar de esto, alrededor de doscientos mil trabajadores se declaran en huelga, en las ciudades de Nueva York, Cincinnati, Illinois y otras.

Chicago, ciudad bastión de la lucha reivindicativa, muestra pobladas sus calles con miles de huelguistas. En algunas fábricas se dan a la tarea de contratar sustitutos para realizar el trabajo, y la presión de las protestas iba aumentando con reuniones y mítines en diferentes localidades de la ciudad.

El día 3 de mayo de 1886, frente a una de aquellas fábricas ( Mc Cormick ) se concentran los trabajadores en huelga, simpatizantes y familiares para reclamar a quienes se prestaban para hacer el trabajo de los huelguistas.

El cuerpo policíaco se presenta y reprime disparando contra los manifestantes, entre los que había ciudadanos de todas las edades. El saldo, varios muertos y muchos heridos.

Luego de reuniones, donde se expresan diversos puntos de vista sobre el siguiente paso a seguir, se decide hacer un mitin en un lugar que no permitiera el arrinconamiento de los manifestantes, sino que fuera una locación abierta.

Escogen entonces el lugar conocido como Haymarket para realizar el mitin el día 4 de mayo. El cuerpo represivo se presenta al lugar cuando ya la gran mayoría de los presentes se habían dispersado y prácticamente, el acto tocaba a su fin.

En ese momento alguien les lanza una bomba, matando a un policía e hiriendo a otros.

La tarea represiva abanicada por el detonante de la bomba convirtió a Haymarket en una zona de tiro, en la cual se acribillaron a mansalva a muchos obreros. También murieron seis policías que fueron heridos por las propias detonaciones de sus compañeros.

Tras la barbarie, los medios de comunicación llaman bárbara a la población víctima de la represión, y se teje una aureola de delincuentes para todo aquel que se viera involucrado en la lucha por los derechos de los trabajadores.

Los huelguistas son despedidos, encarcelados, allanados en hogares y locales, se clausuran periódicos, se da la prohibición de mítines u otras reuniones.

Son enjuiciados a través de procesos manipulados, ya que la coordinación de todo el proceso se hizo a través de la figura de un alguacil que tenía como objetivo, al margen de toda objetividad, condenar a los acusados. Se presenta una serie de testigos que a todas luces, presentaban testimonios ridículos sobre eventos que no parecían estar de acuerdo a lo ocurrido.

Fueron condenados los siguientes trabajadores:

Horca

Georg Engel, Hessois Augusto Spies, Louis Lingg, Adolf Fischer, Albert Parsons. La ejecución se lleva a cabo el 11 de noviembre de 1887 en horas de la tarde.

Louis Lingg prefiere quitarse la vida en su celda.

Prisión

Samuel Bielden, Oscar Neebe y Michael Swabb.

En este juicio se violan todos los procesos legales, ya que el jurado estaba conformado por un familiar de un guardia muerto y conocidos negociantes.

Los Mártires de Chicago fueron enterrados en medio de una muchedumbre que rebasó las quinientas mil almas.

En el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París, Francia en 1889, se instauró el Primero de Mayo como día de homenaje a los Mártires de Chicago.

Son recordados y solemnizados todos los años en esa fecha por trabajadores de todo el mundo, excepto en Estados Unidos de Norteamérica, donde se cometieron los crímenes.

POEMA SIN TÍTULO

Por: Rolando Alberto Pérez Palomino(1983)

Despréciame, burgués porque pobre soy,

Por la lucha que tengo cada día

Con los altos costos y la ardua labor.

Denígrame por no estar a tu altura

Por no entrar en tu círculo

Por andar en colectivo y trabajar para vivir.

Ignórame, burgués porque lo tienes todo

O crees tenerlo

Y yo nada tengo.

Burgués mercantilista extranjero

No me mires con ojos de rapiña

Cuando a tu establecimiento llego.

No te eches fresco

Cuando vas dentro de tu refrigerada limosina.

Burgués no me creas igualado,

Pero recuerda que todos tus negocios

Tienen que ver también con mis centavos.

No hables enfrente mío

De fincas y tenencias, ni de viajes

Ni tampoco de transacciones financieras.

Yo no tengo fincas,

Nunca he viajado

Y de operaciones de finanzas, no conozco.

Sólo sé que mi salario cobro

Y lo gasto en supermercados

Cuyos dueños son burgueses,

Lo que me queda es para electricidad y alquiler,

Y uno que otro trapo, si me sobra.

Yo te compro los uniformes de mis hijos,

Los cuadernos y los libros

Y no me pierdo tus sensacionales baratillos.

Tú me desprecias pero ¡qué caray me importa!

Sí, ríete, burgués traficante

Usurero y explotador

Pero no olvides que

Quien ríe de último, ríe mejor.

Este a rtículo ha sido publicado en el Colectivo Panamá Profundo el 2 de mayo de 2008.

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