PARA ESTAR ENFERMO, HAY QUE TENER BUENAS CONDICIONES FÍSICAS
Por Mallela V. Pérez Palomino
¡Pobre de mi madre! Con ochenta años a cuestas, operada de la cadera y renqueando a ritmo de un bastón y, para colmo, en medio de un simulacro de incendio en la Policlínica del Seguro Social J.J. Vallarino una mañana de mayo.
Habiéndola dejado convenientemente sentada, para concluir trámites, carreras y reclamos; quiere la suerte que anduviera yo cerca de ella. En esos momentos se desata la alarma, los pacientes asustados miran hacia todos lados sin saber de qué se trata, e imitan al personal de la institución, creando una marea de gente en contra de la cual me lanzo para evitar que zarandearan, empujaran y tumbaran a mi indefensa madre.
Pacientes y acompañantes de pacientes, hacen una mayoría sobre la cantidad de médicos, paramédicos y personal administrativo. Pero quienes saben que el ruido infernal de alarmas es el anuncio de un presunto fuego en la institución de marras, es el personal mas no los visitantes.
Gente en muletas, sillas de ruedas, enyesados, algunos con bebés en brazos y otros casos no menos conmovedores, ni siquiera se mueven de sus puestos o se apertrechan contra algún rincón, esperando el final de la marejada. En teoría, ellos hubieran perecido en un siniestro real.
Eso sin contar, las variadas y antojadizas interpretaciones que los funcionarios hacen de los procedimientos de trámites, ventanillas con rótulos grandes y en donde nadie atiende, una hilera de jubilados y otros miembros de la tercera edad que al cabo de varias horas sólo ha avanzado seis posiciones, las frases trilladas: su expediente no ha llegado: baje a buscarlo, regrese mañana, pase a hacer la fila larga, un técnico que apresura a un discapacitado para su examen porque tiene que irse a hacer política en horas laborables, mesas en los pasillos exhibiendo recién llegados orientadores que no saben nada ni tampoco orientan a nadie (y que los asegurados rumoran son emplanillados políticos), funcionarios que abandonan la ventanilla sin esperar su reemplazo, abstractos estacionamientos para discapacitados, un laboratorio de análisis el cual se encuentra al otro lado de la vía principal (transitada por pluralidad de vehículos a motor, incluyendo a diablos rojos), como solución un paso peatonal que hasta a un atleta costaría escalar y los más sorprendentes etcéteras.
El subdirector, un joven profesional, atiende nuestra queja y trata de ayudarnos. Le digo con propiedad que ALGO no está funcionando. Y es evidente que algo no está funcionando, cuando vemos que para dar una cita a un paciente se toman más de veinte minutos (es decir, tres pacientes por hora) o cuando es necesario trasladarse a otra policlínica para tomar las placas radiológicas, pues hace algún tiempo se está modernizando el sistema de RX.
Tal cual expreso ante otros pacientes, en nuestro país para estar enfermo hay que tener buenas condiciones físicas. Si no preguntémosle a mi madre, que tiene que subir escaleras para hacerse un examen oftalmológico.
La Caja de Seguro Social recién tiene contrato (con el dinero de los asegurados), para usar los servicios de un call center… que permite sacar citas por teléfono de un día para otro: medicina general, pediatría y odontología. Luego se retira el cupo para hacerlo efectivo.
¿Será la solución? Porque más pareciera que el problema es una combinación de metodologías mal aplicadas, improvisación de medidas cruelmente matizada con las actitudes y aptitudes del personal y la falta de un sistema adecuado de comunicación entre la entidad y el asegurado.
Y volviendo a los reclamos, vemos que se atiende el requerimiento de manera individual, pero ello no conlleva a la revisión del sistema o los procesos.
Los funcionarios de alta jerarquía tienen la obligación de abandonar sus teóricos despachos refrigerados y palpar lo que sucede realmente en su entorno.
Esto me recuerda los dos días más eficientes de esta policlínica que, precisamente son los mismos días, en los cuales una televisora de la localidad le hace una visita.
Y a todo esto, ¿la unidad supervisora? Sorda como siempre o haciéndose. Me pregunto: ¿Quién supervisa a los supervisores…?
Cuando reclamo ante un mal servicio generalmente, guardo la sensación de aquel que, agobiado por la bulla “musical” de un diablo rojo, protesta y luego es mal mirado por otros que están igual de abrumados, pero en cambio callan.
Ese no fue el caso del día de mis martirios, pues los viejitos deciden armar su alharaca y los no tan viejitos los secundan.
Son las golondrinas del verano.
Publicado en el Colectivo Panamá Profundo el 28 de mayo de 2008.
El material literario de los artículos publicados en este sitio es propiedad intelectual de la autora y sus propósitos son informativos, formativos, educativos y sin fines de lucro. Si se publicaran deberán hacerse con los mismos fines haciendo referencia a la fuente y poniendo el enlace correspondiente.
- Publicado: Jue 29 Mayo, 2008 8:57 am GMT
- En: DERECHOS HUMANOS
- Permaenlace: PARA ESTAR ENFERMO, HAY QUE TENER BUENAS CONDICIONES...
- Comentarios: 0
- Leído 155 veces.







