NOCHE DE VERANO (Cuento)
El millonario excéntrico y solitario estaba sentado en el parque, y observaba displicente a la mujer que pasaba enfundada en su disfraz llamativo con dos alas enormes.
Su actitud de hombre de mundo, conocedor de casi todos los rincones y costumbres del globo terráqueo, daba a entender que muy pocas cosas lo lograban asombrar.
Miró con sorna a la mujer y se preguntó qué tan vacío o loco puede estar alguien, para salir en la noche a pasearse disfrazado.
Por lo menos, a él la soledad no le había dado por eso. Últimamente andaba cabreado todo el día. Intuía que las personas le trataban bien por conveniencia y hasta le decían siempre lo que sabían que él quería escuchar.
En el pasado, el abuelo solía confesarle que aquello era parte de lo que uno debe soportar.
-Existen personas que han nacido para ser lambones, hijo, y a veces hay que quitarse el sombrero ante lo bien que lo hacen-sentenciaba el anciano.
Carlos sólo veía sinceridad en la mirada de Maribel, su secretaria. A pesar de tener una actitud fría y profesional en su trato diario y su desempeño, siempre supo que podía confiar en ella y que sin caer en halagos, era la única persona en la oficina que realmente lo apreciaba. Mujer de temple, muy atractiva aún y muy digna, era el punto de equilibrio de la empresa.
Su secretaria tenía ya casi veinte años de serlo y no recordaba haberle visto jamás un mal gesto, aún en los días en que él se paraba con el pie izquierdo y jodía parejo, como sorprendió un día a la recepcionista refiriéndose a él.
Personalmente, disfrutaba más de la paz de encontrarse solo, sin presiones de ningún tipo, liberando su pensamiento y observando la naturaleza, en la quietud de la noche. Porque qué locura meterse hoy día en una discoteca!
Asumió que la mujer se había retocado con alguna de esas pinturas modernas que te hacen brillar en la oscuridad.
Regresó de Colombia con el propósito en mente de hacer todo lo que no había hecho con antelación. Cuando se sentó agobiado por el peso del balance mental, vio qué poco le había importado durante su agitada vida, la parte espiritual. Siempre pensó que habían cosas más importantes que hacer, como por ejemplo, sacar adelante la empresa.
Ya el patrimonio familiar les permitiría a todos cerrar el negocio y vivir de los plazos fijos e inversiones, pero Carlos no tenía corazón para dejar sin trabajo a aquel montón de gente que eran los más importantes en la formación de la fortuna de su familia.
Su padre antes de morir, lo citó en su lecho de desahuciado, para pedirle que protegiera a aquellas familias, que les pagara lo justo, les diera condiciones de trabajo dignas y siempre mantuviera abierta la comunicación.
Además, le encargó un fondo en el cual desde siempre la gerencia, depositó mensualmente una pequeña suma de dinero, que después de cuarenta años y con todos los intereses, permitiría que se jubilaran la gran mayoría con un salario cónsono con el costo de la vida.
La extraña disfrazada estaba aproximadamente a trescientos metros, agarrada del barandal, mientras su mirada parecía perderse sobre las pequeñas olas que llegaban a la orilla.
La variedad de tomas de hierbas y raíces que tuvo que ingerir, si bien no le hicieron bien, tampoco le hicieron mal. Sin embargo, no cambiaron el diagnóstico que le dieron los galenos en Houston.
Una vez su madre le comentó que era de familia aquel mal que se desarrollaba en la garganta, y, que siempre los varones de la descendencia habían colaborado con su aparición, consumiendo tabaco. En aquella ocasión pensó, que de algo se tiene uno que morir.
Se preguntaba si su hijo adolescente sentía la misma atracción, que antaño él sentía por fumar a escondidas.
Ahora que estaba divorciado, no parecía ser su problema, pero igualmente le preocupaba. La madre no le prestaba mucha atención al chico desde muy niño. Realmente, no le prestaba atención a nada que no fuera la vida glamorosa.
Así se conocieron, rodeados de gente falsa que sólo hablaba pendejadas, y ellos a su vez, los emulaban para estar en la onda. Recordó que a esto le llaman codearse en sociedad.
La mujer comenzó a agitar las alas con fuerza, y Carlos pensó que se le iban a descuadernar. Hizo un alto en sus pensamientos, para observar cuidadosamente la escena.
Desapareció su actitud displicente con relación a la extraña, cuando los pies de ésta despegaron del piso y la mirada de Carlos tomó un brillo de incredulidad, cuando aquélla se elevó en el aire.
Los medicamentos que estaba consumiendo eran muy fuertes y a veces, le producían efectos extraños. Pensó que, de repente, también le estaban provocando alucinaciones.
En la tarde, cuando se sentó con su abogado, a ordenar todo lo dispuesto en los trámites de sucesión, sintió mareos y náuseas. En los momentos en que estaba a solas, evitaba esos síntomas fumando marihuana, y así su nostalgia se transportaba a Woodstock, so pretexto del cáncer.
Se había ya cansado de luchar, yendo de un médico a otro. Engañose un tiempo, asistiendo puntualmente al gimnasio, pero llegó un momento en que no tenía fuerzas ni para incorporarse de su lecho; mucho menos iba a poder seguir levantando pesas.
La extraña se fue volando sobre el mar, hasta que desapareció como un puntillo en el cielo de la noche estival.
Carlos se había sentado en el borde del banco asumiendo una actitud de presto, con los párpados casi pegados, como quien afina la mirada. Estuvo rato así, hasta que se convenció de que no había visto lo que había visto.
Se relajó y volvió a recostar la espalda en el respaldo del banco, mientras sentía que le acometían los dolores. Sus noches era negras de un tiempo acá. Y se preguntaba a menudo si valdría la pena que amaneciera de nuevo, especialmente cuando lo invadía aquella desazón que le desarmaba la compostura y lo hacía sentir la más débil de todas las criaturas.
El aleteo lo hizo reaccionar, y se dejó llevar cuando dos fuertes brazos lo levantaron cual si fuese una pluma, haciéndole sentir una paz que jamás había experimentado. Una sensación entre gozo, euforia y seguridad. Mientras entablaba conversación subliminal con la extraña, aprovechó para mirar el paisaje desde aquella perspectiva, porque algo le decía que no lo volvería a ver.
FIN
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- Publicado: Dom 22 Feb, 2009 3:17 pm GMT
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