TEMÁTICA PRITTY

ARTÍCULOS QUE ILUSTRAN TEMAS DE ACTUALIDAD

Agosto, 2008

 

FESTIVAL DE FESTIVALES

Por: Mallela V. Pérez Palomino

Un derroche de efímeros multicolores se proyecta contra el cielo estrellado. En medio de la noche, la multitud ahoga sus expresiones de admiración y otros pocos aplauden la exhibición pirotécnica.

Es La Noche de los Fuegos del Festival de la Mejorana número cincuenta y siete.

El pueblo de Guararé, considerado como Cuna del Folclor, logra reunir todas las manifestaciones que implican lo autóctono panameño.

Así, desde que inicia la semana de la fiesta típica, con la coronación de la soberana Dayana 1ª., los guarareños dan rienda suelta a su espíritu festivo.

Delegaciones provenientes de toda la geografía nacional, se toman los centros de hospedaje del pequeño poblado azuerense.

El Festival de la Mejorana, celebrado en el mes de septiembre, se lleva a cabo junto a las festividades de la Virgen de las Mercedes, patrona del pueblo. Los lugareños combinan armónicamente lo vernacular y lo religioso.

El 24 de septiembre es concelebrado como el Día de la Patrona. Nueve días antes, comienza la novena dedicada a la virgencita, y se remata con misa y procesión.

Con las primeras luces del amanecer del día 24 de septiembre, la imagen de la patrona se aposenta en la puerta principal de la iglesia que lleva su nombre. Adornada por decoradores devotos, resplandece la imagen con toda su hermosura, rodeada de rosas, claveles, crisantemos y gladiolos. Los juglares de las décimas le cantan loas a ritmo de mejorana.

Las angostas calles inundadas de buhoneros, exhibicionistas, mesas de apuestas, juegos mecánicos, fondas, mostradores promocionales de licorerías y muchos eventos más, se ven abarrotadas de público.

El aire está lleno de música. En el estrado principal de la reina, se presentan veinticuatro horas al día un sin número de delegaciones. Conjuntos típicos de todos los rincones pululan por el parque y las calles adyacentes: los darienitas con su bullerengue, los Congos de Colón, los Diablicos Sucios, el Torito Guapo de Antón, Las Pajarillas, los Diablicos Limpios, Las Mojigangas, entre otros.

Durante la tarde, en la placita del pueblo, los toros hacen las delicias del público que, tras una rudimentaria cerca de cañazas y sogas, observa la fiesta taurina a ritmo de pito y caja. Bravos sementales son traídos de las mejores haciendas del país, con el propósito de que, ciudadanos comunes y corrientes hagan el papel de toreros.

Algún beodo corneado y otro pisoteado por los semovientes, terminan en el hospital, en tanto que otros entran a ocupar sus lugares en la juerga torera.

A las nueve de la noche arrancan los bailes en los toldos, con la presentación de los más famosos, entre ellos los hermanos Sandoval, Dorindo Cárdenas y Osvaldo Ayala.

Ya llegada la madrugada, en cada esquina del pueblo, improvisados tamboritos se escuchan. Prodigiosas gargantas, debidamente aclareadas con seco, interpretan pícaras tonadas y los peatones suspenden su marcha para improvisar los tres golpes, como parte de la euforia vernacular.

Luego, en alguna fonda, saborean un sancocho de gallina de patio hecho en fogón con leña y una taza de café para sofocar la incipiente goma.

Finalmente, el día culminante del festival, el programa establece que al pueblo lo recorra el desfile de carretas. Temprano en la mañana, se forma el temporal en una parte del cielo y el extremo contrario exhibe un reluciente sol.

Las carretas ostentan curiosas decoraciones con ranchos, matas de plátanos tinajas, bateas, pilones, adornos a base de granos de maíz o menestras, y demás artilugios del diario bregar interiorano.

Todas las delegaciones se suman a la parada, interpretando sus bailes y proezas. Bellas empolleradas extienden cual abanicos sus ropajes. Entre sonrisas a la concurrencia y susto por el humor de los bueyes, intentan llevar el compás de la tuna.

En la apoteosis de la caravana, se desploma el cielo sobre el pueblo, que parece celebrarlo. ¿Y por qué aclaman los guarareños la lluvia en medio de un desfile? Sencillo: coincide con la primera siembra de los agricultores del área.

Finado el festival, sobreviene el Día de la Gallota, y los lugareños despiertan a enfrentar la rutina, en medio de un pueblo solitario que parece pedir a gritos que lo limpien.

Comienza la organización del festival para el próximo año.



El material literario de los artículos publicados en este sitio es propiedad intelectual de la autora y sus propósitos son informativos, formativos, educativos y sin fines de lucro. Si se publicaran deberán hacerse con los mismos fines haciendo referencia a la fuente y poniendo el enlace correspondiente. (N. de la A.)

 
 
 

PERSUASIÓN (Poema)

Por Mallela V. Pérez Palomino

De tus ojos, cristalina, baja una lágrima

y se confunde con la lluvia que nos moja.

¿Es que tengo que creer en tu dolor que dudo

o debo de pensar ante tu cara roja

que el llanto incontenible, abundante y mudo

es a causa de que alguien tu verdad deshoja,

cual flor que en sacrificio del sentimiento puro

el follaje de la verde mata desaloja

para luego yacer en el mundo del platonismo oscuro...?

Te creo.

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PRISIONEROS

Por Mallela V. Pérez Palomino

La ciudad de Panamá La Vieja es asediada y saqueada por el corsario inglés Henry Morgan el 28 de enero de 1671 y su Gobernador Juan Pérez de Guzmán ordena incendiar la Casa de la Pólvora, dejando la ciudad en llamas.

(Cuento)

En aquella casa de descanso Ana Isabel permanecía metida en su mundo. Se rumoraba mucho sobre su estado de salud mental y la gente comentaba que aquella enfermedad había sido un castigo de Dios para su prepotente progenitor.

Ella seguía mirando a la nada, sin articular palabra, y obedeciendo mecánicamente alguna de las rutinas que las nodrizas se esmeraban en hacerle cumplir con la vana esperanza de que reaccionara.

Pero era inevitable, si no le daban los alimentos como a una criatura, Ana Isabel no se alimentaría.

Ana Isabel siéntese, Ana Isabel párese, Ana Isabel levante el brazo, Ana Isabel esto, Ana Isabel lo otro ; esa era la rutina.

En las tardes la sentaban, acicalada y olorosa a agua de rosas, en una banca del jardín, y ella se transportaba mentalmente a aquellos tiempos en que todo era diferente.

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Ana Isabel de Villavicencio se incorporó de su lecho y fue a pararse frente al tocador. Sus ojos hinchados por llorar el infortunio, se posaron sobre aquella imagen patética del espejo.

Trató de pensar qué senda tomar ahora que su padre, temeroso del qué dirán, le había confinado por semanas enteras en su habitación. Según él, así recuperaría la cordura.

-¿Qué pensaría Diego de su ausencia?-suspiró y se dijo que no se casaría con nadie a quien no amara. Sonrió entrecerrando los ojos.

La primera vez que se miraron fue aquella madrugada en que, junto a su madre, caminó la Calle de Santo Domingo. Luego, cortaron camino entre las callejuelas rumbo a la iglesia Catedral y estuvieron a tiempo para el rosario de la aurora.

A Diego se le veía siempre en menesteres de mozo en la tienda ubicada detrás de la casa del Obispo: cargaba cajas con bastimentos, atendía a los clientes y mantenía ordenado el negocio. ¡Era tan bien parecido y gentil!

Fingía Ana Isabel acomodarse la mantilla, para intercambiar miradas con disimulo. Sentir aquella sensación de dulce agonía en el estómago, cuando le entregaba el corazón con los ojos, era suficiente para esperar a verlo al día siguiente.

Su padre pegó el grito al cielo cuando ella se negó a aceptar a pretendientes de abolengo, y fue, viejo zorro perspicaz, a indagar con gente conocida.

Leyó Ana Isabel el mensaje deslizado bajo su puerta y supo que su progenitor había encarcelado a Diego, blandiendo todo su poder para separarles.

Iba a evadirse por el balcón cuando el cerrojo de su puerta se accionó y apareció el ama de llaves con otro empleado que, a toda prisa, la instaban a abandonar la casa, por la proximidad de los piratas. En las calles había un hervidero de gente.

Presa de la desesperación, se cayó varias veces y se levantó lo que su largo traje le permitía, liberándose de quienes trataban de obstruirle en su intentona.

Sujetaba con las manos los encajes del ruedo de su falda mientras corría. Entre sudor, gritos y lágrimas, pudo ver antes de perder el sentido que, inexplicablemente la cárcel era consumida por las llamas.

FIN

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  • Publicado: Vie 01 Ago, 2008 12:35 pm GMT
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