TEMÁTICA PRITTY

ARTÍCULOS QUE ILUSTRAN TEMAS DE ACTUALIDAD

Julio, 2008

 

Espíritu de lucha

Por: Mallela V. Pérez Palomino

Aunque la envidia está conceptuada como un pecado capital, yo envidio la indiferencia incomparable que hacen gala algunos médicos y paramédicos de las instituciones públicas de salud, (Caja de Seguro Social, por ejemplo), ante los pacientes hospitalizados que les requieren. Estoy clara que no es envidiable lo negativo, sólo que me mueve el hecho de que, ante ciertas situaciones, muchos se vuelven un manojo de nervios y los mina la incapacidad de aplicar correctivos.

Sin embargo, no es raro ver aquellos ángeles blancos inmutables frente a situaciones que cualquier mortal, por lógica, sabe que no son estados normales. Esa inmutabilidad raya en el poco importa. Hay realidades en las cuales no se necesita ser facultativo para intuir el malestar del enfermo. Por supuesto que existen las excepciones, pero son eso: excepciones.

Un comunicador amigo me comenta que muchos colegas no toman esto como tema a desarrollar por miedo de caer luego en manos de las huestes angélicas . Como dice el popular adagio, “la necesidad no dice adiós, sino hasta luego” y “uno nunca sabe”.

Pero yo insisto. Basta que usted tenga hospitalizado un ser querido, para que salte a la vista y al entendimiento esa actitud displicente del galeno que no levanta la vista de los papeles, mientras el familiar preocupado le pregunta por la salud de su pariente. Es cuando nos embarga la desazón al convencernos que el sistema de salud en un país tan pequeño como el nuestro, está deshumanizado.

Pareciera, hasta cierto punto, que esa abulia sea un mecanismo de defensa para que no afectarse emocionalmente, pues necesitarán, en el desempeño de sus labores, ver muchas situaciones desgarradoras. No obstante, creo que lo importante es hacer la labor encomendada: hacerla excelentemente y con mística.

Ese mismo personal indiferente, en una instalación privada de salud, asume de manera automática otra actitud servicial y eficiente, como cuando un actor teatral cambia bruscamente de personaje o cambia de obra.

Pero el tema principal de este escrito no es la indolencia médica o paramédica, y que quede claro que no siento temor a enfrentar en un futuro los amenazadores aleteos angélicos alrededor de mi lecho.

En reciente intervención quirúrgica de nuestra progenitora, conozco a Anita. No recuerdo su apellido, pero es ese tipo de persona que te marcan y demoran en perderse entre los vericuetos de la imperfecta memoria.

Anita, intervenida en una pierna y además, con padecimiento de cirrosis hepática, pródiga en sonrisas y saludos. Le calculo unos sesenta años, a pesar de su rostro con expresión de niña.

Le narra Anita a mi hija su vida en la que el trabajo incesante y los cuidados a la familia se constituyen en su principal interés. Dejando de lado la preocupación por la propia salud, ni siquiera su alimentación ya que se salta comidas y cuando come, ingiere alimentos de mala calidad, apurada, de pie; para seguir atendiendo sus deberes laborales y familiares.

Anita no tiene hijas, sólo tres hijos, sin acceso a cuidarla, por ser una sala de mujeres. No obstante, a uno de ellos lo sacan del recinto y él se vuelve a meter.

-¡Hola, Anita! ¿Cómo está?-la saludo.

-Bien, gracias y usted-.

Anita se deshace en frases de agradecimiento cuando el personal de la institución de salud le prodiga algún cuidado: la inyecta, le toma la temperatura, la canaliza, etc.

No conozco a nadie tan aferrado a la vida, aún después de complicarse sus dolencias; momento en que algún desalmado profesional pretendió darle salida.

Voy a visitarla y ella me mira desde su cama pletórica de tubos y aparatos, esa mirada desesperada entrecortada por el ritmo alterado de la respiración. No necesito preguntarle cómo está y sé que tampoco me puede contestar.

Al día siguiente veo con sobresalto que la cama de Anita está ocupada por otra paciente y corro donde la auxiliar a averiguar:

-Ana ¿qué?-me pregunta con indiferencia.

-No recuerdo su apellido, pero estaba en esa cama-y le señalo con la mano.

En tono inapropiado y casi festivo, me comunica que Anita ya no está. Sólo acato a indagar la fecha del desenlace.

El mismo día que la veo tras el arsenal médico-tecnológico, se abaten sus fuerzas y el espíritu es arrancado de su depreciado templo material, elevándose a otro estado de conciencia junto a los verdaderos ángeles.

Mi hermana rompe a llorar cuando le comunico la mala nueva y tal cual, como si me leyera el pensamiento, me dice:

-Parece mentira, alguien con tantas ganas de vivir-.

Anita es esa clase de personas que son ejemplos de gallardía y coraje, ya que en el peor de los momentos siguen dando la batalla.

La muerte no puede eclipsar aquel espíritu de lucha, y quizás se sienta burlada como icono destructivo que es, pues el espíritu es inmortal y sólo le pertenece a Dios.

El material literario de los artículos publicados en este sitio es propiedad intelectual de la autora y sus propósitos son informativos, formativos, educativos y sin fines de lucro. Si se publicaran deberán hacerse con los mismos fines haciendo referencia a la fuente y poniendo el enlace correspondiente (N. de la A.).

 
 
 

EL MINOTAURO MEDIÁTICO

Por Mallela V. Pérez Palomino

Los perceptores, en su gran mayoría, escuchan y ven lo que les llega a través de los medios de comunicación y, de manera automática, lo convierten en su opinión personal, repitiéndolo sin aplicar análisis alguno.

Los medios masivos de comunicación toman la información, la rebanan, la machacan, la trituran, la sazonan, y la pasan por su tracto digestivo para luego, el inmundo resultado, lanzarlo a pantallas y portadas acaparando audiencias y anunciantes en horas pico de rating.

Ello queda en evidencia en la experiencia personal que a continuación narro:

Mientras espero la atención, me cuesta casi una hora hacer entender a una locuaz cliente de Cable & Wireless, lo lógico de mi reclamación y la realidad del abuso de la telefónica, pues bloquear en inicio tenía un costo racional, pero una vez pasado el tiempo, ese costo se ha disparado, sin que las instancias correspondientes hagan nada por evitarlo.

En el momento que contrato el servicio lo hago con una simple llamada telefónica, pero ahora que quiero quitarlo, simplemente me dicen que tengo que apersonarme a la agencia más cercana. Mi interlocutora justifica que es delicado quitar un bloqueo.

Explico con pelos y señas hasta llegar a la conclusión que el punto es obstaculizar nuestro derecho de renunciar a servicios extras, porque a ellos les conviene seguir facturando dichos servicios. Bueno, eso sí es cierto, me contesta. Luego me ilustra que la telefónica hace muchas obras y que eso es bueno. Le contesto que no se trata del dinero de la transnacional, si no el dinero del público que llama y que las donaciones son deducibles del impuesto sobre la renta.

Le señalo una tómbola situada en medio de la agencia para la rifa de un carro, y pregunto si conoce a alguien que se haya ganado algún carro en esas rifas a lo que contesta que, ahora que yo lo digo, la verdad que no.

Infiero por sus propias palabras, que la usuaria tiene estudios universitarios, pero notoriamente sufre el síndrome de mediatización.

La manipulación de la información por parte de los medios no es ningún secreto, y en primera instancia no es pecado, ya que no se puede llevar, por cuestiones de tiempo o espacio, el todo de la información a la opinión pública.

Pero esa misma información, objeto de manipulación a través de la historia para proteger intereses económicos y políticos, lleva sin remedio a las censuras y los libelos sediciosos. Luego, irremisiblemente, entorpecen el flujo de la información al público y son fuente inspiradora de géneros periodísticos basados en la ironía, la caricatura y el periodismo alternativo.

Nos guste o no, los avances tecnológicos en lo referente a los medios de comunicación, nos afectan; queda de nuestra parte sacarle el provecho. Es innegable el aporte del Internet a la labor investigadora, al periodismo alternativo, a la enseñanza en aulas virtuales con flexibilidad de horarios.

Pero no es menos cierto que el Internet nos hace escapar de nuestra realidad. Llegamos a ignorar el entorno, enterándonos de hechos que suceden a grandes distancias de nuestro hogar. Estamos en solitario, supuestamente informándonos, mientras nos deglute la bestia mediática.

Como si fuera poco la realidad virtual, los ciudadanos nos vemos asediados y envueltos por campañas publicitarias, telenovelas y reality shows. La prueba está que, apenas llegamos a casa, corremos a prender la televisión, y esto ya es parte integral de nuestras rutinas. Somos tragados por los mass media.

Las esferas de poder, llámese políticas o económicas, están claras que esta anestesia les conviene, pues el perceptor olvida su papel de ciudadano, entregándose a la francachela de los shows televisivos y a la absorción de los chats rooms del espacio cibernético (tomé algún tiempo para entender por qué en los café Internet no había café, ahora veo que el Messenger suplantó la rica y relajada conversación entre amigos frente a una taza del humeante líquido).

La tiranía de la velocidad es otro concepto que merma las cualidades de discernimiento de los perceptores, ya que muchas personas han hecho suya la costumbre de monitorear los diferentes canales en busca de esa información que se les niega, igual en el caso del Internet. Los borbotones de datos que brindan los medios durante este proceso, bloquean la capacidad de procesamiento de los mismos, efecto al que bien podríamos encontrarle similitud con un madrugonazo legislativo. [i]

Cuando observamos los medios audiovisuales donde se brindan imágenes que ponen de manifiesto lenguajes corporales, gestuales y del vestido, nuestro consciente se deslumbra, coartando el pensamiento crítico y se crea la lucha imagen versus razonamiento. Después de este tratamiento intensivo, muchos perceptores inocentes sólo logran tener una caricatura de razonamiento y lo que es peor, no les importa ser el bolo alimenticio del fenómeno.

Razón tiene Ferdinand Saussure cuando expresa que el lenguaje es un todo y no sólo la lingüística.

Además, encontramos que los noticieros nos venden marketing barato (aún cuando sea costoso) o amarillismo, sin centrarse en la otra cara de la noticia, que es lo que debe preocupar al público y ocupar al comunicador. Esto, sin olvidar la programación frívola. ¿Que es entretenimiento? Sí, pero ¿hasta qué punto nos entretienen mientras nos tragan?

La malformación de la opinión pública, contraviene el papel que nuestra Carta Magna le confiere a los medios de comunicación, los cuales no se intranquilizan por llenar esos objetivos, sino que se manejan como un negocio cualquiera que aspira a ser rentable. De eso viven. Por supuesto que existen excepciones, que lamentablemente son eso, excepciones.

Restar prominencia a los hechos es otra forma de mal formar la opinión pública, y en nuestro entorno, este es uno de los métodos más utilizados en el mejor de los casos (en el peor, no existes). Los hechos son consumidos, pero desaparecen en el triángulo de Las Bermudas digestivo. Ni hablar de las noticias sesgadas, las medias verdades, la connotación que se le da a los hechos reales para que parezcan otra cosa; todo esto compromete la veracidad de la información, proporciones guardadas con la voracidad del monstruo, mediatizando a voluntad la opinión pública.

Por eso es que la reflexión es importante en el procesamiento mental de las informaciones, y nuestros mayores hacen costumbre reflexionar mientras cortan la hierba del jardín, machetean el monte, tejen tarrayas, limpian la casa o abrillantan sus zapatos. La reflexión no tiene que ser ociosa.

Según la abuela “piensa mal y acertarás” es una buena premisa. Y no es que debamos presentar síntomas paranoides en nuestras conductas. No tomar como cierto en primer plano la información que se nos brinde, es un paso primario al razonamiento, dudar, buscarle la lógica, hacer comparaciones, buscar correlaciones con situaciones parecidas, hasta comentar con otras personas (otro punto de vista nunca está demás). Y sobretodo no permitir que nos saturen ya que no conozco a nadie que legisle correctamente sufriendo una indigestión.

Razonar, siempre razonar y veremos que allí, entre las líneas de nuestro cuestionamiento, encontraremos la verdad.

Ser conscientes y no dogmáticos parece ser una forma de solución para que los medios no socaven la apreciación de quienes recogemos los mensajes que incisiva y reiterativamente envían.

Cuando estemos claros en lo que nos hacen los medios masivos de comunicación, sin duda, los sumiremos en el abismo del no crédito. De esta forma nuestra opinión no será parte capitalizable del sacrificio a la bestia mediática.



[i] La Teoría de la Entropía o Teoría de Claude Shannon, la cual establece que el mensaje deja en el auditorio cierta incertidumbre, pues el sistema comunicativo libera o contiene ruido o desorden, que puede ser a raíz del uso de múltiples códigos y el uso indiscriminado (veces) de esos mismos códigos.

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IN MEMÓRIAM

Silencios y Cuerdas

Curvilínea compañera

de vivencias y caricias,

cuando manos masculinas

armonizaran con notas.

Maestría de pulsos y toques

entretejida en la prosa

de la conciencia de Patria

que el juglar cantara otrora.

Y hoy en un rincón sin tiempo,

ahorra cantos, calla trovas,

atesta con su silencio

cadencias que nadie toca,

con letras amordazadas

revolucionarias coplas:

es la guitarra de Cáncer

que enmudeció porque añora.

Ignacio Cáncer Ortega Santizo: a un año de su partida.

Que por cada voz que calle, muchas gargantas hagan escuchar sus gritos de protesta ante la desigualdad y la injusticia social.

Por Mallela V. Pérez Palomino

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  • Publicado: Lun 07 Jul, 2008 11:20 pm GMT
  • En: CULTURA
  • Permaenlace: IN MEMÓRIAM
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Desde Candyman hasta Voldemort, pasando por Beetlejuice

CASTAS DE INNOMBRABLES

Por Mallela V. Pérez Palomino

Candy Man, es la leyenda de un espíritu atormentado después de haber abandonado el plano terrenal de forma trágica y violenta. Este personaje obtiene poderes cuando algún humano menciona su nombre tres veces. Con dichos poderes el espíritu comete crímenes, cosa que sucede hasta que los protagonistas lo devuelven a su dimensión.

Beetle Juice (literalmente traducido como jugo de escarabajo), es un espíritu que se desplaza por el oscuro mundo de los insectos hasta que alguien se anima a mencionar tres veces seguidas su nombre. Con esta receta el personaje se llena de poderes y se materializa. La trama describe cómo invade el mundo de los vivos volviendo un amasijo la existencia de los habitantes (vivos y muertos) en una casa encantada.

En la saga de Harry Potter, encontramos a Voldemort, el cual pertenece al camino de las ciencias ocultas, y cuyo nombre causa tanto temor debido a sus malas artes, que no se debe mencionar. Así que las personas prefieren referirse a él como: “el que tú sabes”, “el que no debe ser nombrado”, “señor oscuro”, “señor tenebroso”.

Repetir el nombre aumentará el poder del personaje mágico, por lo cual es una precaución que continúe siendo innombrable y esto es una enseñanza básica en la escuela de magia y hechicería de Hogwarts.

Llega a nuestro conocimiento otro caso salido del mundo de las sombras. Un sujeto que tiene por nombre Pujo. Además, quienes lo conocen, adicionaron a su nombre el mote de Forrijo, por ser alguien que actúa de sus forros, lo cual pareciera ser una práctica ancestral.

A este individuo, haga lo que haga, no se le puede mencionar, porque un rayo vendrá y fulminará a quien se atreva articular su nombre. El resultado final será talvez que nadie podrá enterarse de lo que hizo o dejó de hacer, sea de interés público o privado, sean parte interesada o no.

Así, Pujo Forrijo, ha sido investido de increíble poderío, llevándonos quizás a la suspicacia que hasta las entidades supranormales suelen equivocarse.

Los mortales comentan inquietos la increíble medida, que los llena de temores pues bien podría en el futuro abrir la puerta, para que otros no tan pujos, pero sí bastante forrijos, aspiren a tener semejante privilegio. Por eso debaten, mirando a todos lados, no vayan a cometer una indiscreción y se vean en inconveniencia.

Y nada, que no hay consenso comprensivo, sólo la conclusión de que errar no sólo es de humanos.

Porque errar es un fallo que podría convertirse en una falla y, ésta a su vez, de repente constituirse en algo perturbadoramente sísmico, como la falla de San Andrés.

Total que fallar, también significa errar.

Oro (de orar) para que no venga un rayo a partir mi frente, después de haber mencionado aquel nombre.

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