LA FÁBULA DEL PROGRESO
Un intento para dar incentivo a los más jóvenes a degustar la lectura, despertando, al mismo tiempo, la conciencia ambientalista.
LA FÁBULA DEL PROGRESO
Mallela V. Pérez Palomino
Presuroso y agitado llegó el Tío Conejo.
-¡Aprisa, tenemos que movilizarnos!-.
-¿A qué viene tanto alboroto?-dijo pausadamente el Tío Oso Perezoso desde su rama.
-¡Es urgente, por favor, síganme y verán!-por toda respuesta.
De árboles, troncos y escondrijos fueron incorporándose al grupo todos los animales imaginables: monos, ardillas, pajarillos, pericos, manigordos, borregueros, ratas de monte y muchos más.
Recorrieron los unos, de rama en rama, los otros, volando, los demás, a toda carrera. Sortearon charcos, senderillos, recodos. A medida que avanzaban, el conjunto se hacía más numeroso: mariposas, mapaches, venados, ranas, culebras, etc.
Habían confluido tantos diferentes intereses dentro de aquel grupo…
Tropezaron con un río contaminado, donde ninguno se les unió: los peces flotaban inertes y el resto de los animales yacían moribundos en las riveras. El follaje estaba cubierto por una extraña capa de polvo.
Más allá, lo que vieron, los dejó paralizados: no quedaba un solo árbol en una gran explanada. Lo que otrora fuera un bosque hermoso con elevaciones y depresiones, ahora eran hectáreas de tierra pelada y removida. En una hilera, un sinnúmero de aparatos.
-Son los humanos-dijo el Tío Conejo-Están devastando todo el bosque y luego hacen refugios para vivir. Unos de esos refugios tienen techo y agujeros y les llaman casas, otros, son como gigantes y les llaman edificios.
El auditorio aún estaba en vilo, observando asombrado el desastre y parecía no escuchar el discurso.
-Sus bestias de metal a las que llaman máquinas, hacen ruido todo el día-agregó Tío Conejo-acabando con el bosque.
-Los humanos se meten dentro de esas máquinas y luego comienzan a movilizarlas, dejando salir bocanadas de humo. Derrumban y destruyen lo que encuentren. Las máquinas dejan caer un líquido que tiñe ríos y quebradas. Los animales que no mueren bajo las máquinas, fenecen luego por falta de alimento-.
-Pronto no tendremos donde vivir y nuestras familias perecerán-el Tío Conejo les señaló el horizonte donde nada se interponía para ver el inicio del manglar que ya también lucía devastado.
-¡Razón tenía el Tío Tigre cuando se marchó lejos!-exclamó la Tía Ardilla.
-Cierto-agregó el Tío Venado-No le creímos porque pasaba el tiempo, y nada sucedía; pero miren ahora: ¡qué catástrofe!-.
-¿Y qué haremos?-inquirió el Tío Mapache.
-Yo propongo que le consultemos al Tío Búho, que es el más sabio del bosque.-dijo la Tía Rana.
-Sí, sí, el Tío Búho-exclamaron todos.
El ave nocturna se asomó, al escuchar el bullicio y, al enterarse del motivo de la visita inesperada; se puso sus gafas y brevemente consultó algunos textos.
La concurrencia se sumió en un silencio pesado, triste, incrédulo, cuando escuchó lo que el Tío Búho les dijo para confirmar sus dudas.
-Y ¿por qué no nos avisaste de lo crítico que era todo esto?-le dijo el Tío Conejo al más sabio.
-Tengo mucho tiempo de estarlo diciendo, pero todos estaban muy ocupados en sus faenas y ninguno me hacía caso. Creo que pensaban: ¡bah!, este viejo no tiene nada que hacer y se la pasa alarmando-.
-Han reaccionado ahora, porque tienen próxima y enfrente la crisis. Algunos me tacharon de loco, alborotador, extremista, hasta anarquista, que tenía algo en contra los humanos. Pero siempre supe que el problema era muy serio-.
-He volado al encuentro de la Tía Ballena, ya que tiene mucha sabiduría. Siendo ella misma una de las más perjudicadas por la depredación, manifestó su gran preocupación por los delfines. Juguetones y alegres, como es su naturaleza, se están acercando confiados a las costas y esto despertará la codicia de algunos humanos que quieren llevarlos al cautiverio para luego venderlos-.
-Los peces y otros pobladores del mar se están enfermando, porque los humanos han vertido los desperdicios y no le han dado tratamiento a las aguas para descontaminarlas-.
-Las aves marinas también han tenido dificultades, ya que los manglares han sido destruidos y allí estaba la fuente de alimento para todas esas especies. Las aves migratorias saben hacia dónde desplazarse, aunque el cambio climático las llena de incertidumbre-.
-Existen algunos lugares donde los humanos han protegido a los animales. Cuando necesitan construir sus refugios o sus caminos, reubican a las especies. También hicieron estructuras para que no queden aisladas de las fuentes de agua, ya que no tener acceso al preciado líquido significa la muerte-.
-En esos lugares los humanos han dictado leyes para preservar las áreas y las hacen cumplir. Han comprendido que el entorno, o lo que ellos llaman ecosistema, necesita de todos y cada uno, incluso de las plantas, para que no se rompa el equilibrio-.
-Cuando se hizo necesario continuar con el progreso, implementaron algo llamado medidas de mitigación para paliar la desarmonía del ambiente-.
-Han entendido que de nada servirá acumular eso que llaman dinero, si el planeta está contaminado: si el aire no se puede respirar porque enferma, si el agua no se puede beber, si las enfermedades nerviosas se hacen presentes por el excesivo ruido, si la tierra no se puede cultivar porque sus componentes son anulados por la carga química, si los sembradíos se malogran con la lluvia ácida y el riego contaminado-.
-Pero tal parece que acá, llegará un momento en que habrá dinero, y no habrá alimentos. Se han hecho leyes y no se cumplen. Los humanos han dicho que Dios le dio el control del mundo y ahora más pareciera que todo se ha puesto fuera de control-.
Cabizbajos, todos escucharon la exposición, hasta que alguno, desde muy atrás, se atrevió a preguntar:
-Y nosotros ¿qué podríamos hacer?-.
-Nosotros no gobernamos este mundo: lo hacen los humanos. Nos queda reubicarnos en otros lugares, protegiendo a nuestras familias, y estar siempre alertas por si llega nuevamente a las cercanías la depredación-.
-En ese caso, volveríamos a emigrar y esperar que el ser humano tome conciencia de la gravedad del problema y solucione las dificultades. Hay humanos que están luchando por el ambiente, pero son muy pocos y la mayoría de los gobiernos no les hacen caso-.
Poco a poco y con desgano, fueron abandonando el lugar los animales, e iban poniendo a trabajar su instinto de conservación para orientarse hacia la mejor alternativa.
Se retiraron meditabundos y desencantados al ver que los seres dotados con la inteligencia para gobernar sabiamente el planeta, en su mayoría, aún no han percibido lo trascendental de su papel.
El Tío Conejo, hizo un aparte para preguntarle al sabio:
-Aquí entre tú y yo, ¿esos lugares de que hablas son reales o sólo son una tierra de ensueño?-.
-Sinceramente, creo que cada día se están convirtiendo, como dices tú, en una tierra de ensueño…Son demasiadas las personas que continúan acabando con la naturaleza y ¿sabes qué es peor? Ciertos gobernantes hacen ver que les importa el medio ambiente, pero en realidad no es así -el lepórido asintió.
-Te cuento que algunos humanos tienen la creencia que, si se comportan mal durante el año, en las fiestas navideñas unos Reyes de Oriente les privarán de sus regalos-continuó el sabio-Y por la conducta con el ambiente, creo que serán demasiados los que no recibirán regalos sino carbón.
-¿Carbón?-.
-Sí, un material de color negro que sacan de la vegetación descompuesta y los árboles-.
-¿Y de dónde sacarán tanto carbón, si cada día hay menos árboles?-.
-Contrario al resto de los mortales, esos reyes no necesitan los árboles : ¡SON MAGOS!-.
Publicado en el Colectivo Panamá Profundo el 16 de mayo de 2007. Este escrito ha sido modificado.
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- Publicado: Vie 16 Mayo, 2008 2:40 pm GMT
- En: ECOLOGÍA
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