EL MINOTAURO MEDIÁTICO

Por Mallela V. Pérez Palomino

Los perceptores, en su gran mayoría, escuchan y ven lo que les llega a través de los medios de comunicación y, de manera automática, lo convierten en su opinión personal, repitiéndolo sin aplicar análisis alguno.

Los medios masivos de comunicación toman la información, la rebanan, la machacan, la trituran, la sazonan, y la pasan por su tracto digestivo para luego, el inmundo resultado, lanzarlo a pantallas y portadas acaparando audiencias y anunciantes en horas pico de rating.

Ello queda en evidencia en la experiencia personal que a continuación narro:

Mientras espero la atención, me cuesta casi una hora hacer entender a una locuaz cliente de Cable & Wireless, lo lógico de mi reclamación y la realidad del abuso de la telefónica, pues bloquear en inicio tenía un costo racional, pero una vez pasado el tiempo, ese costo se ha disparado, sin que las instancias correspondientes hagan nada por evitarlo.

En el momento que contrato el servicio lo hago con una simple llamada telefónica, pero ahora que quiero quitarlo, simplemente me dicen que tengo que apersonarme a la agencia más cercana. Mi interlocutora justifica que es delicado quitar un bloqueo.

Explico con pelos y señas hasta llegar a la conclusión que el punto es obstaculizar nuestro derecho de renunciar a servicios extras, porque a ellos les conviene seguir facturando dichos servicios. Bueno, eso sí es cierto, me contesta. Luego me ilustra que la telefónica hace muchas obras y que eso es bueno. Le contesto que no se trata del dinero de la transnacional, si no el dinero del público que llama y que las donaciones son deducibles del impuesto sobre la renta.

Le señalo una tómbola situada en medio de la agencia para la rifa de un carro, y pregunto si conoce a alguien que se haya ganado algún carro en esas rifas a lo que contesta que, ahora que yo lo digo, la verdad que no.

Infiero por sus propias palabras, que la usuaria tiene estudios universitarios, pero notoriamente sufre el síndrome de mediatización.

La manipulación de la información por parte de los medios no es ningún secreto, y en primera instancia no es pecado, ya que no se puede llevar, por cuestiones de tiempo o espacio, el todo de la información a la opinión pública.

Pero esa misma información, objeto de manipulación a través de la historia para proteger intereses económicos y políticos, lleva sin remedio a las censuras y los libelos sediciosos. Luego, irremisiblemente, entorpecen el flujo de la información al público y son fuente inspiradora de géneros periodísticos basados en la ironía, la caricatura y el periodismo alternativo.

Nos guste o no, los avances tecnológicos en lo referente a los medios de comunicación, nos afectan; queda de nuestra parte sacarle el provecho. Es innegable el aporte del Internet a la labor investigadora, al periodismo alternativo, a la enseñanza en aulas virtuales con flexibilidad de horarios.

Pero no es menos cierto que el Internet nos hace escapar de nuestra realidad. Llegamos a ignorar el entorno, enterándonos de hechos que suceden a grandes distancias de nuestro hogar. Estamos en solitario, supuestamente informándonos, mientras nos deglute la bestia mediática.

Como si fuera poco la realidad virtual, los ciudadanos nos vemos asediados y envueltos por campañas publicitarias, telenovelas y reality shows. La prueba está que, apenas llegamos a casa, corremos a prender la televisión, y esto ya es parte integral de nuestras rutinas. Somos tragados por los mass media.

Las esferas de poder, llámese políticas o económicas, están claras que esta anestesia les conviene, pues el perceptor olvida su papel de ciudadano, entregándose a la francachela de los shows televisivos y a la absorción de los chats rooms del espacio cibernético (tomé algún tiempo para entender por qué en los café Internet no había café, ahora veo que el Messenger suplantó la rica y relajada conversación entre amigos frente a una taza del humeante líquido).

La tiranía de la velocidad es otro concepto que merma las cualidades de discernimiento de los perceptores, ya que muchas personas han hecho suya la costumbre de monitorear los diferentes canales en busca de esa información que se les niega, igual en el caso del Internet. Los borbotones de datos que brindan los medios durante este proceso, bloquean la capacidad de procesamiento de los mismos, efecto al que bien podríamos encontrarle similitud con un madrugonazo legislativo. [i]

Cuando observamos los medios audiovisuales donde se brindan imágenes que ponen de manifiesto lenguajes corporales, gestuales y del vestido, nuestro consciente se deslumbra, coartando el pensamiento crítico y se crea la lucha imagen versus razonamiento. Después de este tratamiento intensivo, muchos perceptores inocentes sólo logran tener una caricatura de razonamiento y lo que es peor, no les importa ser el bolo alimenticio del fenómeno.

Razón tiene Ferdinand Saussure cuando expresa que el lenguaje es un todo y no sólo la lingüística.

Además, encontramos que los noticieros nos venden marketing barato (aún cuando sea costoso) o amarillismo, sin centrarse en la otra cara de la noticia, que es lo que debe preocupar al público y ocupar al comunicador. Esto, sin olvidar la programación frívola. ¿Que es entretenimiento? Sí, pero ¿hasta qué punto nos entretienen mientras nos tragan?

La malformación de la opinión pública, contraviene el papel que nuestra Carta Magna le confiere a los medios de comunicación, los cuales no se intranquilizan por llenar esos objetivos, sino que se manejan como un negocio cualquiera que aspira a ser rentable. De eso viven. Por supuesto que existen excepciones, que lamentablemente son eso, excepciones.

Restar prominencia a los hechos es otra forma de mal formar la opinión pública, y en nuestro entorno, este es uno de los métodos más utilizados en el mejor de los casos (en el peor, no existes). Los hechos son consumidos, pero desaparecen en el triángulo de Las Bermudas digestivo. Ni hablar de las noticias sesgadas, las medias verdades, la connotación que se le da a los hechos reales para que parezcan otra cosa; todo esto compromete la veracidad de la información, proporciones guardadas con la voracidad del monstruo, mediatizando a voluntad la opinión pública.

Por eso es que la reflexión es importante en el procesamiento mental de las informaciones, y nuestros mayores hacen costumbre reflexionar mientras cortan la hierba del jardín, machetean el monte, tejen tarrayas, limpian la casa o abrillantan sus zapatos. La reflexión no tiene que ser ociosa.

Según la abuela “piensa mal y acertarás” es una buena premisa. Y no es que debamos presentar síntomas paranoides en nuestras conductas. No tomar como cierto en primer plano la información que se nos brinde, es un paso primario al razonamiento, dudar, buscarle la lógica, hacer comparaciones, buscar correlaciones con situaciones parecidas, hasta comentar con otras personas (otro punto de vista nunca está demás). Y sobretodo no permitir que nos saturen ya que no conozco a nadie que legisle correctamente sufriendo una indigestión.

Razonar, siempre razonar y veremos que allí, entre las líneas de nuestro cuestionamiento, encontraremos la verdad.

Ser conscientes y no dogmáticos parece ser una forma de solución para que los medios no socaven la apreciación de quienes recogemos los mensajes que incisiva y reiterativamente envían.

Cuando estemos claros en lo que nos hacen los medios masivos de comunicación, sin duda, los sumiremos en el abismo del no crédito. De esta forma nuestra opinión no será parte capitalizable del sacrificio a la bestia mediática.



[i] La Teoría de la Entropía o Teoría de Claude Shannon, la cual establece que el mensaje deja en el auditorio cierta incertidumbre, pues el sistema comunicativo libera o contiene ruido o desorden, que puede ser a raíz del uso de múltiples códigos y el uso indiscriminado (veces) de esos mismos códigos.

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